Pues no se hicieron esperar. Pidieron el rescate. Es cierto que esa expresión tiene mucho de argot policial. Parece una película, la de un secuestro. Alguien nos ha secuestrado y para liberarnos pide un rescate. En la vida real, cuando el rehén es liberado, ciertamente se celebra la buena noticia, pero no deja de ser un mal menor. Las preguntas son... ¿Quién nos ha secuestrado?, ¿por qué?, ¿cuando se pague el rescate, se irá a por los secuestradores para que culpen por lo que han hecho?, ¿nos devolverán el daño causado con intereses?... Hay, desde luego en la nomenclatura, matices de peso: no es lo mismo ayuda que rescate. Supongo que por eso se buscan eufemismos siguiendo la tradición de los últimos años en política, sin ir más lejos cuando se negaba la palabra crisis. Al ciudadano lo que le interesa es saber si ese dinero disponible de hasta 100.000 millones de euros se usará en cuanto sea recibido inmediatamente para dar crédito a las PYMES y a las familias en las mismas condiciones "extremamente favorables" como dijo Guindos. Dinero que se presta al FROB, que es el Estado, matizo yo ahora. Dinero que no va a solucionar el problema de los parados directamente, si no a refinanciar a los bancos que no han hecho bien su trabajo. ¿Alguien exigirá al menos inhabilitación profesional a los autores de la catástrofe?.
Nadie presta dinero a cambio de nada. Eso lo sabemos todos y lo sabe Rajoy que tiene ahora la pelota en su tejado y espera ver aparecer, mirando por la ventana, a los hombres de negro merodeando por el jardín. De momento no comparece en el Congreso aunque lo pida la oposición, a ver qué cifra le ponen las dos auditorías independientes (¿las otras eran interesadas?) y sobre todo, a ver qué pasa el próximo domingo en las elecciones de Grecia y las consecuencias, en el peor escenario posible, de que decidieran los helenos su salida del euro.
Lo peor de este símil de los hombres de negro que puso el propio ministro de Economía en un explicatio non petita accusatio manifesta, es que los susodichos trajeran como en la película, una especie de lápiz borrador de la memoria, y que una vez hecho su trabajo de limpieza, le dieran al botón y a todos se nos olvidara lo mal que se hicieron las cosas para tenernos de nuevo en sus manos y así poder seguir con lo suyo sin miedo a nada. Repetiríamos los males con cara de bobos y nos tragaríamos el cuento que quisieran contarnos.
Caramba, ¿pero no está pasando eso ya?.
Y encima parece que tenemos la obligación de alegrarnos por semejante barbaridad. Desde pequeño he escuchado aquello de que la mayor de las estafas sucede cuando te venden duros a cuatro pesetas. Y ahora resulta que es lo justo y lo necesario...y que es nuestro deber y salvación darte gracias...
ResponderEliminarMe valgo de este símil religioso porque claro, si a dios no hay quien lo vea, al señor presidente se ve que tampoco...
Vinieron elegantes, efectivamente de negro, de ese negro de luto que se ponen los parientes lejanos que visitan al familiar enfermo, que le traen esa cajita de bombones, esas flores y esas bonitas palabras para endulzar la muerte que consideran cercana...
ResponderEliminarNegros como el ala del cuervo, ave que es capaz de hurtar piececitas de oro para atesorar en su nido.
Negros como el siniestro buitre que arroja migajas sobre un determinado punto para tener ahí a su objetivo, cárdenos como los toros innobles que que fijan su mirada en la femoral del torero ávidos de un derramamiento de sangre.
Oscuros, como ellos plantean presentar nuestro futuro para hacernos víctimas de sus mas tenebrosas intenciones...
Necesitamos luz, no oscuridad, credibilidad, no compasión, queremos a unos hombres de color a los que no temer sino acoger, que nos de alegria de recibir, no temor con quienes colaborar y beneficiarnos mutuamente.
http://javiernoguer.blogspot.com.es/
Creo que la mejor palabra que refleja la situación en que nos han colocado es la de secuestro: de nuestras vidas y de la democracia que tanto nos está costando conseguir.
ResponderEliminarNo quiero pensar que volvamos a aquellos lejanos años que vivimos los más mayores.
Recuerdo, admirado Rafael, la inconsciencia con la que vivíamos felices aquellos años de infancia en la Huerta de la Reina, secuestrada la libertad y la dignidad. Como supongo que te agradará sentir la nostalgia del barrio te envío el enlace de mi blog a una entrada que titulé "La Huerta de la Reina, un barrio entre trenes":
http://cordobaabiertalapizarradepepe.blogspot.com.es/2012/02/la-huerta-de-la-reina-un-barrio-entre.html
Y perdona que me aproveche de aquello de Valladolid y el Pisuerga, pero es que mi calle Pintor Palomino "pasa" muy cerca de tu calle Buenos Aires.
Un cordial saludo